Sevilla mueve un volumen de eventos poco común para su tamaño, y lo hace en circuitos muy distintos entre sí. El congresual gravita alrededor de FIBES, en la zona este, con salas de gran aforo y muelles de carga pensados para producción; a su alrededor orbitan los actos de la Universidad de Sevilla, los colegios profesionales y los congresos médicos y científicos que llenan el calendario de otoño y primavera.
El circuito cultural se reparte entre el Teatro de la Maestranza, el Cartuja Center CITE, el Teatro Lope de Vega y una larga lista de espacios municipales y patios. En verano, la programación se muda al aire libre: jardines, plazas, la Plaza de España y los recintos de la Isla de la Cartuja acogen conciertos y galas al fresco.
El deportivo tiene tres polos grandes —Ramón Sánchez-Pizjuán, Benito Villamarín y el Estadio de La Cartuja, que además acoge atletismo y finales de competiciones— y muchos escenarios medianos: pabellones municipales, el remo y el piragüismo en el Guadalquivir, hípica y carreras populares por el casco urbano.
No decimos esto para colgarnos medallas ajenas, sino porque conocer cómo funciona cada tipo de recinto es lo que permite presupuestar bien: dónde hay acometida de potencia, por dónde entra un camión, qué recintos exigen montar de madrugada y en cuáles se puede cablear de día.