Audio
El audio del directo: FOH, submezcla y ambiente de público
Un vídeo mediocre con buen sonido se ve entero; un vídeo impecable con mal sonido se cierra en el primer minuto. Cómo se toma el audio de un concierto para que la emisión suene a concierto y no a grabación desde la última fila.
En la lista de cosas que deciden si alguien se queda viendo un directo, el sonido va primero. La imagen admite defectos: un plano algo suave, una cámara que entra tarde. El audio no. Un sonido turbio, con la voz enterrada o con el bombo comiéndose todo, expulsa al espectador en el primer minuto, y ese espectador no vuelve. En una retransmisión de concierto el audio no es un accesorio del vídeo: es la mitad del encargo.
El punto de partida: la mesa de sala
En un concierto ya hay alguien mezclando: el técnico de FOH, situado en el patio de butacas, que trabaja para que la sala suene bien. De su mesa sale la referencia natural para la emisión, y lo primero que hay que hacer es hablar con él y con la producción del artista mucho antes: las condiciones de esa señal se negocian, no se dan por hechas.
Hay tres formas de tomar el audio, de peor a mejor:
- Salida directa de la mezcla de PA. Se toma lo mismo que va a los altavoces: rápido, sin coste y la peor opción de las tres.
- Submezcla dedicada. El técnico de FOH genera un envío independiente pensado para la emisión, con su propio equilibrio. Es el punto dulce entre calidad y esfuerzo, y lo que pedimos siempre que se puede.
- Splitter y mesa propia. Las señales de los micrófonos se dividen y una mesa dedicada hace una mezcla exclusiva para el directo, con su técnico. Es lo que da mejor resultado y lo que se monta en producciones grandes o cuando la emisión tiene entidad propia.
Por qué la mezcla de PA no vale sin más
La mezcla de sala está hecha para el espacio, no para unos auriculares. El técnico compensa la acústica del recinto: si hay mucha reverberación en graves, los recorta; si el escenario proyecta la batería de forma natural sobre el público, apenas la sube por megafonía. Todo eso funciona porque el oyente está dentro de la sala y recibe también el sonido acústico directo del escenario.
El espectador de casa no recibe nada de eso: solo llega lo que sale por la mesa. Por eso una mezcla de PA emitida tal cual suele sonar desequilibrada, con instrumentos que casi no aparecen y otros desproporcionados, y con un exceso de proceso pensado para llenar un recinto. La submezcla de emisión corrige eso: recupera lo que la sala aportaba de forma acústica y ajusta el equilibrio escuchando en auriculares, que es como va a escuchar el público remoto.
Micrófonos de ambiente: recuperar el público
Un concierto sin público en el sonido no parece un concierto: parece un ensayo. Los aplausos, los coros del público, los gritos entre canciones y ese murmullo de fondo son la mitad de la sensación de directo. La toma se hace con microfonía de ambiente repartida en dos frentes:
- Pareja orientada al público, colocada de forma que reciba más sala que escenario, habitualmente por delante del sistema de refuerzo o elevada sobre él, para no capturar sobre todo los altavoces principales.
- Pareja de ambiente general o de escenario, que aporta aire y cuerpo, y que es la que salva los momentos acústicos y las presentaciones que el artista hace fuera de micrófono.
La colocación importa más que el modelo: un micrófono demasiado cerca de una torre de PA no graba público, graba altavoz. Su nivel se controla en directo, porque un cántico colectivo puede pasar de nada a saturación en dos segundos.
Sincronía con el vídeo
La cadena de vídeo introduce retardo. Las conversiones de formato, el escalado, el mezclador, los efectos y el codificador van sumando cuadros, y ese retraso hace que el audio, que viaja por un camino más corto, llegue antes que la imagen. El resultado es un desfase de labios que el espectador percibe aunque no sepa nombrarlo: la sensación de que algo está mal, y de que el vídeo está mal hecho.
La solución es medir el retardo total de la cadena de vídeo y aplicar al audio un retardo equivalente antes del codificador. Se mide con un patrón, no a ojo, y se comprueba con material real. Es un ajuste que se hace una vez en el montaje y que hay que rehacer si cambia algo en la cadena.
Niveles y limitación para emisión
La dinámica de un concierto es enorme: un pasaje a voz y guitarra y un estribillo con toda la banda están muy lejos. En la sala eso es una virtud. En una emisión que alguien escucha en un portátil, en el móvil o en la cocina, esa distancia hace que la mitad del concierto sea inaudible y la otra mitad demasiado alta. La mezcla de emisión trabaja por tanto con un rango algo más contenido, sin aplastarla hasta dejarla sin vida.
Además, la cadena termina siempre con una protección de pico: un limitador que impide que cualquier golpe inesperado llegue a distorsionar la señal digital, con un margen de seguridad respecto al máximo. Distorsionar en directo es irreversible: no hay forma de arreglarlo después ni de repetir la canción. Y hay una regla de trabajo que ahorra disgustos: el nivel de referencia se fija durante la prueba de sonido con la banda tocando de verdad, no con música ambiente, porque la prueba con música grabada engaña sobre dónde estarán los picos reales.
Monitorado, comprobación y plan B
En el control, el audio se escucha con auriculares cerrados y se vigila con medidores, porque el oído se acostumbra y deja de ser fiable a mitad del concierto. Se comprueba también en mono, porque mucha gente escucha por el altavoz único de un móvil y ahí aparecen cancelaciones de fase que en estéreo pasan desapercibidas.
El plan B es tan importante como la mezcla. Si la línea de FOH cae, la emisión no puede quedarse en silencio. Lo que dejamos preparado: una segunda línea desde otra salida de la mesa por un camino físico independiente, los ambientes como red de seguridad para pasar a ellos en un botón, grabación de las fuentes principales por separado y un aviso claro en el intercom. Un concierto emitido treinta segundos solo con ambientes es un contratiempo; emitido en silencio es un fracaso.
Lo que hay que cerrar antes del día
Casi todos los problemas de audio se resuelven con dos conversaciones previas: una con el técnico de FOH sobre qué señal entrega, con qué nivel y por qué conector, y otra con la producción del artista sobre restricciones de grabación y emisión. Con eso resuelto, el día del concierto el trabajo se reduce a colocar, medir y escuchar. El material está en audio e intercom y su despliegue, en el rider técnico.
Cadena de audio
Fuentes de audio de un concierto y su papel
| Fuente | De dónde sale | Qué aporta | Precaución |
|---|---|---|---|
| Submezcla de FOH | Envío dedicado de la mesa de sala | Base de la mezcla: voces e instrumentos | Hay que pedirla con antelación y probarla |
| Mezcla de PA | Salida principal de sala | Solución rápida si no hay otra | Equilibrio pensado para el recinto, no para auriculares |
| Splitter y mesa propia | División de los micrófonos de escenario | Control total sobre la mezcla emitida | Requiere técnico y tiempo de montaje |
| Ambiente de público | Pareja orientada a la sala | Aplausos, coros y sensación de directo | Lejos de las torres de PA o graba altavoz |
| Ambiente general | Pareja elevada o de escenario | Aire, cuerpo y momentos fuera de micrófono | Se controla en directo para evitar saturación |
Ajustes de control
Lo que dejamos fijado antes de empezar
Los puntos que se cierran en el montaje y en la prueba de sonido, con la banda tocando.
- Origen principal
- Submezcla dedicada de FOH, con nivel y formato acordados
- Origen de respaldo
- Segunda línea por camino físico independiente
- Ambientes
- Colocación, orientación y nivel de partida en la mezcla
- Retardo de audio
- Medido contra la cadena de vídeo y aplicado antes del codificador
- Nivel de referencia
- Fijado con la banda en prueba, no con música ambiente
- Protección de pico
- Limitador con margen frente al máximo digital
- Aviso de incidencia
- Protocolo en intercom entre audio y realización
FAQ
Preguntas frecuentes
¿Vale con poner un micrófono delante de los altavoces?
Solo como último recurso. Lo que se captura así es el sonido del recinto, con toda su reverberación y con el desequilibrio que la sala introduce, y suele quedar turbio y con las voces poco inteligibles. Sirve como respaldo de emergencia, nunca como fuente principal de una emisión.
¿Por qué se oye el audio antes que la imagen?
Porque la cadena de vídeo introduce retardo en cada conversión, en el mezclador y en el codificador, mientras el audio viaja por un camino más corto. Se corrige aplicando al audio un retardo equivalente al de la cadena de vídeo, medido con un patrón durante el montaje y verificado con material real.
¿Quién decide el equilibrio de la mezcla emitida?
El técnico que atiende la emisión, escuchando en auriculares y en coordinación con el de FOH. Son dos trabajos distintos con objetivos distintos: uno mezcla para una sala con público dentro, el otro para alguien que escucha en un dispositivo pequeño. Cuando la misma persona intenta hacer las dos cosas, una de las dos sale peor.
¿Hace falta permiso del artista para emitir el audio?
Es una conversación obligatoria con la producción del artista antes del evento, y conviene tenerla por escrito. Puede haber restricciones sobre qué temas se emiten, sobre la grabación o sobre el uso posterior del material, y descubrirlo el mismo día del concierto deja sin margen de maniobra.
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